Antes de comenzar a hablar de este genial autor danés, quiero dedicar unas líneas de admiración a la titánica labor aunque insuficiente del maestro español Miguel de Unamuno, que no sólo tuvo el valor de aprender danés -un idioma difícil para un latino- sino enfrentarse a los constantes sesgos irónicos de Kierkegaard. Eso constituye un problema leerlo, porque además hay que tener en cuenta que para leer correctamente danés hay que dominar un danés perfecto, puesto que a muchos daneses se les escapa K. Por eso digo que la labor de Unamuno no es suficiente, su libro "Del sentimiento trágico de la vida" es una obra banal comparada incluso con los textos tal vez menos relevantes de S. K. No hay que olvidar que traducir a K. es siempre un buen desafío para los traductores.
Casi toda la brillante obra de este filósofo, -que lo es, pese a sus constantes negativas-, es irónica. Y ello es un obstáculo más para interpretarlo correctamente. La sociedad de su tiempo nunca le comprendió claramente. No es que se pueda decir que su postura ante el cristianismo sea irónica, ya que fue buen cristiano, pero sí fue irónico al comentar sobre la dificultad de ser cristiano en una sociedad cristiana. Ironía romántica que no tiene nada que ver con la ironía contemporánea sugerida mucho más tarde por François Lyotard. Ese decir, soy cristiano, pero no me dejan, en lugar del esperado: soy cristiano, a pesar de todo, desató las iras de muchos pastores protestantes de su tiempo. Parece que ser religioso sin ironía se acerca mucho al fanatismo.
Ironía independiente de la socrática cuando el propio Sócrates postulaba que no sabía nada, cuando era consciente de que se podía llegar a saber un poco de todo, a través del método mayestático. Ironía que desató también en sus investigaciones humanísticas al creer que el método dialéctico para explicar el proceso histórico de una cultura social se podía aplicar al autoconocimiento personal del individuo. Si hay tres estados para el autoconocimiento absoluto de un sistema también los hay para el individuo mismo, en superación constante. Pero la ironía se tropieza con el 'impasse' de la elección personal. Y ahí chocó con las tesis cristianas, que tanto defendía, ya que el sistema de Hegel era, en el fondo, un sistema cristiano. Por eso, dándose cuenta de esa paradoja, cargó esa ironía tan mal interpretada por el señor Unamuno, pues Kierkegaard nunca quiso hablar de la tragedia del existir, sino todo lo contrario, apostaba fervientemente sobre el regalo añadido que supone para la existencia el conocimiento del propio sentido de la existencia misma. Pero, ¿por qué no lo dijo tan claramente? La respuesta sería muy similar a la que se podría dar para explicar los motivos de la ruptura de su compromiso matrimonial con Regina Olsen, disfrazados de forma retorcida en su larga carta epistolar publicada en castellano con el título "Temor y temblor".
Admiraba, como se ha visto, el modelo griego de ironía mayestática, ello explicaría su uso de heterónimos y de ejemplos dispares, analizados pormenorizadamente, para exponer sus tesis. Así tenemos al don Juan de Mozart enfrentado al cínico seductor Johannes, para explicar el primer paso del sistema dialéctico individual con el estado estético. Pero en su obra la ironía socrática, tan analizada en su primer libro, chocaría constantemente con la ironía romántica tan de moda en el mundo intelectual de su época. Así nació su gran obra "Enten/Eller", nada más romper con Regina Olsen, nada más regresar de Alemania y mofarse burlonamente de la moda Hegel imperante en su tiempo.
Hay detalles que me hacen pensar que tal mofa era irónica para disfrazar su disgusto y frontal desacuerdo con el Sistema Absoluto del idealismo alemán. Pero eso se verá otro día.

1 comentario:
interesante, tu especialidad.
Publicar un comentario