Regreso de mi viaje a Málaga. Hoy no pondré poema. Estoy agotado. Acabo de llegar a las tantas. De hecho, la niña está ya durmiendo y me encuentro sólo en mi celda. Sólo puedo decir que lo pasé bien, aunque concluyo que no me sentí demasiado cómodo en Málaga. Tal vez sea cosa de su calor pegajoso y húmedo, me duchaba tres o cuatro veces al día con agua helada. Tal vez sea la casa que necesita una buena reforma, tuve que arreglar -sin éxito-un teléfono roto, cambiar una bombilla y recolocar una cortina en su riel. O el estado de salud de mi padre, peor de lo que pretende aparentar. Le enseñé a usar un "pen-drive", aparte de sanear el sistema operativo de su ordenador, lo tenía hecho un berenjenal. Mañana pasaré el día entero en Madrid. Pasado mañana me iré a Mallorca con mi hija, de nuevo. Se me ha ralentizado el ritmo de mi lectura de "El hombre sin atributos". Me tiene totalmente hechizado. Lecturas así me hacen echarme definitivamente atrás respecto de la mejor literatura experimental. No sé cómo lo hubiera visto si hubiera leído la obra de Musil antes que el "Ulises" de James Joyce. A mi hermano la lectura de esta última obra, le desesperó a ratos. A mí me fascinó. El truco fue sencillo, antes que leer el "Ulises" hay que leer "La Odisea" de Homero. Un buen ejercicio de paciencia. Sostengo esto, mis queridos amigos, todo buen lector tiene que tener una paciencia infinita, no sólo con lo que lee, sino también con la vida.
Dime cómo lees y te diré cómo vives. Buen título para un best-seller.
