lunes, 22 de septiembre de 2008

SOBRE EL DEPORTE

Curiosa es la vivencia que voy a contar ahora. De niño fui muy aficionado al deporte, especialmente, el fútbol; esto lo saben muy bien mis más íntimos allegados, mi hermano, mis primos, mis padres y mis tíos. A mis tiernos ocho años era forofo del Real Madrid, luego cuando fui creciendo me fui distanciando levemente de lo que es el forofismo, merced a una inteligente respuesta que me dio mi padre a una pregunta relevante cuando estaba viendo un partido. "Papá, ¿quién quieres que gane?" Me respondió, cuidándose que mi hermano estuviese presente para escuchar su respuesta: "Que gane el mejor". Mi padre jamás se dejó llevar por forofismos exclusivos, aunque es un gran aficionado del fútbol, de hecho es de esas personas que no se pierden un partido aunque sean de categoría regional. Es un enamorado de este deporte.
Otros deportes que seguía por la inercia de la tradición de aficionados de mi familia eran el ciclismo, -de niños jugábamos al Tour de Francia con chapas, era la época de Ocaña, Merckx, Gimondi, ...-, el baloncesto, el atletismo, ... Mi abuela seguía mucho el ciclismo, recuerdo. Pero en mi caso, cuando fui creciendo mi sensibilidad de artista se iba lentamente afianzando, de modo que cuando era adolescente no era forofo de nadie ni de nada, nunca tuve referentes ni siquiera artísticos. Seguía el fútbol y lo practicaba, como portero concretamente, pues como jugador de campo era un desastre: corría mucho, "chupaba" continuamente, y era extremadamente torpe con los pies. Todos los equipos me querían como jugador de campo, menos el mío, claro. Como portero, era ágil y con buenos reflejos, pero mis manos son de pianista, -palabras de un entrenador argentino que tuve-; no era muy alto, me faltaba físico y tal vez un poco más de seguridad. Entre dedicarme al fútbol, merced a una llamada que recibí para ser posible -que no probable- canterano del Real Madrid, y a estudiar Bellas Artes, me incliné por lo segundo, pues me veía y me veían los expertos mucho más dotado para las artes plásticas que para el deporte.
A partir de ahí, mi estrella de aficionado al deporte se fue apagando, conocí en mi carrera gente que lo despreciaba frontalmente, incluso traté con casos de personas que no veían nunca la televisión. No sé si eso me habría influido en mi posterior valoración de los eventos deportivos, pero sí tengo claro que ciertas cosas que han herido mi sensibilidad han decidido decisivamente. Mi sensibilidad es considerada por mucha gente que me conoce -no son palabras mayores- como fuera de común. No me enorgullezco de eso, pero sinceramente he de decir, que aunque me ha causado algunos ciertos problemas, me ha ayudado también mucho a desarrollarme como hombre y como artista.
El deporte hoy día es motivo de movilización de intereses ocultos y espúreos, de modo que las trampas están a la orden del día. El dopaje está haciendo mucho daño al deporte en todo el mundo, pero es que hay un algo más que también lo hiere, y es la sombra oculta que no ve nadie y que es lo que precisamente a mí me hiere la sensibilidad. Si los métodos para detectar sustancias prohibidas mejoran con los adelantos científicos y tecnológicos, también han mejorado los contrarios para enmascararlos y evitar que te pillen con anabolizantes hasta las orejas. ¿Quién me explica que un señor como Lance Armstrong que no subía ni un puerto de primera categoría al nivel de un escalador de élite mundial antes de su cáncer, después de dos años sin competir gane siete Tours seguidos de manera limpia? ¿Qué pasa con Michael Phelps, está verdaderamente limpio y no para de ganar oros olímpicos en las carreras que disputa? ¿es posible que Jeannie Longo que con sus casi 50 años estuvo a punto de ganar una medalla olímpica en Pekín, esté totalmente limpia? ¿Y Bolt, que el año pasado hizo tan mediocres marcas, cómo pudo explotar tan de repente y precisamente en las Olimpiadas? ¿Y Nadal, cómo puede seguir rindiendo al más alto nivel después de 88 partidos disputados? ¿y Federer, que siempre se envuelve de misterioso hermetismo en su preparación? ¿y las hermanas Williams, que ahora deberían estar quemadísimas? ¿y Justine Henin, la jugadora más bajita del circuito, cómo es posible que dominase a jugadoras mucho más corpulentas que ella con esos golpes tan demoledores? Demasiadas preguntas sin respuesta. Y eso que no hemos mencionado el fútbol. La adulteración del fútbol, ... el último gran fenómeno que fue pillado fue Maradona ... ¿qué hubiera sido de su gol ante Inglaterra si le hubieran cazado antes? La ficticia belleza del deporte, con trampas o sin ellas, como los ritos ancestrales de invocación al dios Dionisos, que solía aparecer en estado de embriaguez colectiva, según la tradición ática. Como si el deportista de élite fuera a reemplazar a los mitos cantados por el ciego Homero, ...
Hoy tengo cuarenta y seis años, no tengo la más remota idea de cómo va la Liga nacional. El otro día me enteré de que el Sporting estaba en primera porque me lo dijo mi padre. Tan solo veo tenis, me gusta el tenis actual gracias a la introducción, ya hace diez años de un nuevo cordaje que permite variedad de efectos, cuyo pionero fue Gustavo Kuerten. Pero no lo gozo igual que de adolescente, pues era inocente ante ese iceberg oculto que lo adultera todo: muchos años después el 'genial' McEnroe confesaba que había consumido en su mejor época esteroides para caballos. Incluso participo de vez en cuando en un foro de tenis en eurosport, con el mote de underwood, como homenaje a un jugador inglés de rugby, el otro deporte que me gusta. Pero cada vez me va aburriendo más esto.
Siempre que mi hermano y yo nos encontrábamos discutíamos sobre deporte. Ahora apenas hablamos de esto en nuestros encuentros. Cada vez disfruto menos, me importa poco el derecho a presunción de inocencia de muchos de los implicados. El deporte mueve masas y dinero. Y los intereses ocultos y espúreos siguen ahí, por tanto. El deporte sigue siendo motivo de gozo y de sorpresa. Pero está herido de muerte, podrido, oxidado por el orín envolvente del capital, de la política.
Nada me hace sentirme mejor que leer un buen libro o ver un bonito cuadro, aunque su autor lo haya realizado bajo los efectos del cannabis o de una copa de ron añejo o ajenjo. El mejor goce tiene que tener como base la ignorancia, para que sea goce sincero.

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