Me encamino de nuevo a hablar de hechos cotidianos en mi blog de hoy. Resulta sorprendente, a primera vista, cómo no pocas veces me han hecho a mí la siguiente pregunta tan sencilla de un conductor o transeúnte perdido y desorientado: "¿Me puede decir cómo se va a la M-30 o a la M-40 o se sale para Burgos, ...?" Preguntas así las he escuchado con mi más que deficiente oído en diversos idiomas hasta en chino (que es de suponer). Y es que parece ser que no podría ser demasiada casualidad que sea yo quien reciba más preguntas de este tipo que los demás, sino que la realidad está en que se pierde muchísima gente en esta pequeña ciudad mesetaria en la que vivimos.
Tenemos muy buenas carreteras de circunvalación, magnífica presentación de las calles, excelente iluminación nocturna, puentes y túneles de sobrada calidad -aunque los de la M-30 todavía se inunden fácilmente en cuanto caen cuatro gotas-; nuestra ciudad es minúscula en comparación con muchas capitales de otros países; es un lugar donde teóricamente es fácil deducir que Burgos está al norte y Toledo al sur. Y es una ciudad a vista de pájaro que tiene casi todas sus manzanas como trazadas a tiralíneas. Quien dude de esto que digo que lo compruebe con el satélite del programa visor Google Earth. Todo muy bien, de altísimo nivel, para pedir que Madrid sea candidata a los Juegos Olímpicos que sean. Pero algo falla, ¿por qué tanta gente se pierde? Será que los forasteros son tontos perdidos, con lo fácil que es orientarse en nuestra ciudad.
Vamos por partes: en primer lugar, Madrid no sigue una estructura típica de una ciudad denominada capital de un país europeo. La mayoría de ellas siguen o una estructura circular, como París, Londres, Moscú, Berlín; o una estructura cuadrangular como Roma, Budapest, Viena, Varsovia, ... Madrid sigue una estructura triangular, de ahí su peculiaridad. Hay que tener en cuenta que estamos ante el caso de una ciudad que no ha estado preparada nunca previamente, en primer lugar a ser capital de un imperio, en segundo lugar a ser centro neurológico de un concepto importado del país vecino: el centralismo y en tercer lugar, a ser una ciudad dormitorio de emigrantes. Es un caso de gran ciudad construida sobre el momento que tocase a su suerte. Pionera en derribar una muralla de la que quedan menos restos que ninguna otra ciudad relevante en el mundo, pionera en desestructurar el centro construyendo una vía para unir el este con el oeste de la ciudad, expropiando y derribando prácticamente todo el gran Madrid galdosiano del centro para construir esa llamada Gran Vía, que es la más pequeña de todas las Grandes Vías, pionera en ensanchar hacia el sur hasta horizontes no imaginados las fábricas y ciudades dormitorios para los menos desafortunados, de modo que el norte pasase a ser el "Madrid de los ricos y el sur el Madrid de los pobres".
Bueno, ya no importa esto ahora que no existen estas diferencias, pues todo esto que cuento ya forma parte de la historia de una ciudad. Además, no implican en la cuestión de la que estamos hablando ahora. Tan sólo quiero ilustrar aquí que Madrid es una ciudad hecha sobre ruinas de estratos. Me pregunto cómo se habrían conservado los ancestros y los monumentos de haber existido un gran Imperio Madrileño en lugar de uno Romano. Tal vez ya no fueran iguales las cosas. Pero intuyo que en Roma no se pierde la gente tan fácilmente como aquí.
Yendo por partes, hay que decir que la cuestión es que la gente se pierde por culpa de un detalle importantísimo para la mayoría de los usuarios de las carreteras y vías de circulación: los carteles. Los carteles de casi todas las principales vías de entrada y salida a la ciudad están mal indicados. El otro día yo regresaba de Alcorcón bajo una fuerte tempestad, seguí la M-40 para tomar la M-30 según como tenía acostumbrado. Caía una fuerte tempestad, y tal vez haya sido por eso que haya prestado más atención a los carteles pues fuera de la carretera no se veía absolutamente nada. Tomé la variante según lo indicado, un exiguo cartel diciendo: M-30, así como lo indico, M-30, nada más. Poco importa que quien venga por primera vez de Logroño a Madrid no sepa qué significa "M-30". Lo tomo, pero luego los carteles que deberían indicar "M-30" desaparecen totalmente. En su lugar aparecen otros, unos diciendo A-45 Toledo, otros A-3 Valencia. Yo ya sabía por experiencia que si sigo los carteles A-3 Valencia, llego a la querida M-30. Pero ¿qué pasa con el pobre hombre o pobre mujer de fuera que quiere ir a Burgos?
Los españoles acostumbramos a reírnos mucho cuando vemos ciertas escenas que se producen en las películas sajonas, un hombre que se supone influyente le pide a otro que se supone subordinado: "explíqueme esto como si yo tuviera cuatro años". Por no querer llevar a la práctica la explicación más clara de los mínimos detalles, cometemos los errores más banales. -no pretendo generalizar-; pues de eso se trata, de acoger al que viene de fuera a visitarnos indicando cómo se va a todos los sitios como si tuvieran cuatro años. Si somos más claros con los afiches, ahorraríamos muchos disgustos adicionales por retrasarnos por perdernos y por indicar a los pobres sufridores que pasan por nuestra ciudad cómo se rectifica su trayectoria querida. Como aquella vez que me ocurrió a mí con un señor cuya única forma de comunicarse con los españoles era un rudimentario inglés colindante con un esperanto peculiar, a quien le tuve que indicar el camino correcto con un rotulador negro para recordarle dónde estába, uno azul para la ruta y uno rojo para la llegada, debidamente marcados en su mil veces manoseado mapa. Así se lo tuve que explicar, como si tuviera cuatro años.
Espero que para la elección de Madrid como posible centro del mundo con motivo de las Olimpíadas aprendamos la importancia del detalle para mejorar nuestra imagen como ciudad anfitriona. Como dice Aby Warburg en una frase que me gusta mucho: "Dios está en el detalle".
